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Luego de ingresar al Parque Nacional y al bosque, nos desviamos a izquierda hacia Villa Futalaufquen, con la Intendencia Del Parque Nacional Los Alerces (con edificios de piedra y troncos emplazados en amplio parque con araucarias) y el camino hacia Puerto Limonao,
donde nos dirigiremos para tomar una embarcación que luego de atravesar el Lago Futalafquen y recorrer íntegro el Río Arrayanes nos hará desembarcar en el cautivante Lago Verde. Desde éste lago, realizamos una corta caminata de poco menos de 800 metros hasta llegar a Puerto Chucao sobre el Lago Menéndez.
En caso de no querer navegar el lago Futalaufquen porque se prefiere apreciar el mismo desde la altura o porque la naturaleza hace que en época estival el Río Arrayanes no posea el suficiente caudal para el calado de la nave, el recorrido se realiza por RP71.
Bordeamos el Brazo Este del Lago Futalaufquen y comenzamos el ascenso entre campings, cabañas, hosterías y cruce de arroyos. Un magnífico mirador de altura nos permite contemplar el Brazo Sur, la Punta Brava y el extremo Este del lago. Poco más adelante, Playa del Francés con camping libre y guardaparque a derecha. Luego pasamos por Punta Matos -su extremo norte- y a poco de andar, termina (comienza) el lago y empieza (finaliza) el Río Arrayanes. En el mirador tenemos una sensacional vista al río, su pasarela y el Cerro Torrecillas (el cual veremos mejor desde la posterior navegación) con sus imponentes glaciares.
Seguimos bordeando el Río Arrayanes por un pedregoso camino que imita en la altura a los ríos y los caprichos de los lagos. A la izquierda el camino desciende al río que debe su nombre por los árboles en sus orillas, el cual cuenta con un puente colgante que lo cruza. Nos internamos en caminata 150 metros hasta el puente y observamos el río con torrentes de vidrio helado en invierno y carrera de obstáculos para las truchas en verano. Una breve caminata adelante para descubrir Puerto Chucao sobre el Lago Menéndez, el más grande de los lagos naturales de todo el parque.
Desde Puerto Chucao otra nave nos espera. Ella nos llevará primero a descubrir los suaves perfiles de la Isla Grande y los impresionantes hielos azules del ventisquero del Cerro Torrecillas antes de desembarcar en Puerto Sagrario, su cabecera en el Brazo Norte.
Una caminata de grado medio de dificultad con una duración aproximada de dos horas nos espera impaciente. La vegetación de caña coliuhe no es ni insidiosa ni opresiva: es sencillamente un túnel de exuberante magnificencia en plena selva valdiviana. Luego el Lago Cisne y la visita a la cascada del río homónimo para -por último- presentarse el alerzal y un magnífico Lahuán de más de 2.600 años. Es decir, nacido entre la fundación de Roma y la escritura de "El Crátilo" por Platón.
Los árboles nos hacen sentir insignificantes en altura. Vemos los colores del bosque por doquier mientras el sol juega a esquivar las ramas y dibujar incomprensibles figuras en el piso.
Caminamos por un sendero de luz que logró burlar las hojas. Y a medida que caminamos, sentimos la paz del lugar y el silencio apenas roto por nuestros pasos y el trinar de los pájaros. Una lluvia repentina que agradecemos por permitirnos esta maravilla de bosque nos moja imperceptiblemente. Un Alerce de "apenas" cien años no nos llega a la cintura.
Nos acercamos a un árbol y tocamos su tronco, mientras sentimos la áspera suavidad pardo-oscura de miles de años bajo nuestras manos. Indolente, una suave brisa nos acaricia el rostro y con ella el olor de la tierra mojada y el perfume milenario del alerce.
Como en todo Parque Nacional no se puede fumar ni arrojar basura en los recorridos. Tampoco modificar el entorno levantando piedras o cortando plantas. Recordemos que "No pasa el basurero por estos lugares" y la mejor manera de dejar señales de nuestra estadía es no dejándolas: llevemos lo que queremos como recuerdo en nuestros vídeos o fotografías.
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El Huemul del Sur o Ciervo Andino es el fornido ciervo autóctono que habita en los abruptos terrenos boscosos de los Andes australes. Resulta difícil descubrirlo en los valles en invierno y prácticamente imposible en verano ya que en época estival trepa a las zonas del prado andino, donde dominan los matorrales de lenga y la vegetación rastrera.
El Huemul fue declarado Monumento Natural en 1996 con el objeto de detener la dramática disminución de su población, lo que lo puso al borde de la extinción ante tanta caza furtiva e invasión de su hábitat por el hombre y el ganado doméstico. Actualmente se calcula que en el país hay una población total de 600 individuos y todos los intentos de cría en cautiverio han fracasado, por lo que es necesario que todo visitante del Parque tome conciencia del problema y que -además de actuar con la responsabilidad que se espera dentro del mismo- avise de inmediato al guardaparque en caso de avistar uno de ellos.
¿Cómo reconocerlo? El Huemul posee una estructura robusta de hasta un metro en los machos y 80 cm en las hembras. Sus patas son algo cortas y sus orejas grandes. En verano su pelaje es pardo y se aclara en invierno. La cola y la naríz son blancas. |
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