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Modernas embarcaciones nos llevarán rumbo al norte del lago, hacia la famosa Isla Victoria y Parque Nacional Los Arrayanes.
Luego de la partida las gaviotas se aprestan a seguir las naves ya que desde la cubierta superior, los turistas les ofrecen galletas o trozos de pan para saciar su voraz apetito.
Navegamos el Lago Nahuel Huapi, que con sus 557 km2 de superficie, es el de mayor tamaño en el Parque Nacional.
Observando las costas y los brazos que lo rodean se percibe claramente su origen glaciario: durante el periodo cuaternario los enormes hielos erosionaron o profundizaron valles, dándoles forma de U.
Hace 16 mil años aproximadamente al iniciarse el deshielo, esas aguas ocuparon dichos valles excavados, originando los lagos actuales y la fisonomía de costas, acantilados, islas con un suave relieve y terrazas.
Nos dirigimos hacia la mayor de las 25 islas que pueblan el lago y la que dio origen al nombre actual del mismo ya que Nahuel Huapi es mencionado por su descubridor – Juan Fernández – en 1620, quien ingresó desde Chile para llevar indígenas con el objeto de hacerlos trabajar como esclavos. La isla más grande del lago era Nahuel Huapi y por ella toma finalmente el lago su nombre actual. En lengua indígena se traducía como Isla del Tigre.
La actual Isla Victoria sufrió varios nombres en el tiempo hasta llegar a su denominación actual. Un explorador chileno, Francisco Fonk, la bautizó Isla Fray Menéndez, por el franciscano que desde Chile, llegó a la región explorándola en sus 4 viajes realizados en el siglo XVIII. Otro viajero, Guillermo Cox, la rebautizó Isla Larga y finalmente el teniente Eduardo O'Connor en su viaje de exploración de los años 1883/84 la denomina Benjamín Victorica en honor al Ministro de Guerra y Marina. Los lugareños y errores cartográficos cambiaron su nombre por el actual de Victoria. La Isla Victoria posee 37 kms2 con una forma alargada, tiene 20km. de extensión y un ancho máximo de 4km.En su interior se encuentran lagunas pobladas por peces nativos como el puye, pejerey y perca, y en el Cerro Quemado encontramos su la máxima elevación. Al navegar observamos sus costas acantiladas, muy erosionadas por los glaciares del
cuaternario, los que prácticamente pulieron y modelaron el relieve de la isla.
Sólo tras 30 minutos de navegación ingresamos a una entrada muy profunda en la costa donde se observan varias bahías y puertos.
Arribamos a Puerto Anchorena el único que recibe las embarcaciones que diariamente realizan las excursiones.
A este lugar llegó en 1902 Aarón de Anchorena con otros amigos, para pasar varios días cazando huemules. Luego éste consigue del gobierno el usufructo de Isla Victoria de por vida, iniciando así una actividad comercial que introdujo muchas mejoras en la isla: caminos internos, viviendas, corrales, aserradero y astillero todo destinado a la explotación forestal y ganadera. También en el astillero se construyeron varias embarcaciones. Intensa fue la actividad de extracción de madera regional, como el cipres y el coihue. Hacia 1911, al comprobar Anchorena que nunca contaría con el prometido apoyo gubernamental, respecto de construcción del ferrocarril o caminos que facilitarían el transporte de las materias primas, desiste de su intento económico devolviendo la isla. Desde ese momento y hasta 1924, diferentes concesionarios se dedican a la explotación del recurso maderero, talando aproximadamente el 60% de la masa
forestal...
Desde Puerto Anchorena parten varios senderos señalizados que nos permiten conocer la historia pasada y el manejo que hizo el hombre de este laboratorio natural, que por tratarse de una isla, permite instalaciones únicas. A partir de 1925, y ante el daño causado al bosque nativo, por la tala, quema e introducción de ganado y especies exóticas, el gobierno crea un vivero nacional con la intención de plantar especies forestales y frutales para observar su adaptación a la región. Al dictarse la Ley de Parques Nacionales, el vivero se transforma en la Estación Forestal, utilizándose 45 hectáreas destinadas a viveros, almácigos, quintas, plantaciones varias, etcétera.
El aborigen que poblaba la costa sur del lago, denominado Puelche del Nahuel Huapi, al llegar el invierno se trasladaba hacia la isla ya que al estar rodeada de agua, gozaba de un clima más suave. Para ello, ahuecando troncos, cruzaban en días calmos hacia la isla y sin necesidad de armar sus toldos a manera de vivienda, sólo procuraban albergue en alguna de las muchas cavernas presentes a lo largo de toda su superficie. En muchos de estos aleros o cuevas, prestigiosos arqueólogos han reconstruido en parte las huellas de ese pasado, mediante el estudio de las pinturas rupestres o gracias a objetos encontrados en excavaciones sistemáticas
Muchos sitios de la isla han sido relevados y algunas cuevas, por su proximidad a los circuitos turísticos, se pueden llegar a visitar. Hacia el sector norte de la isla, en área de reserva natural, se encontró un enterratorio ritual, a 1,70 m de profundidad con más de 2000 años de antigüedad.
Los circuitos diseñados para los visitantes nos permiten conocer la escuela, el barrio de viviendas de guardaparques, caballerizas, edificio de la vieja Administración, realizado en madera, el cual está protegido por leyes municipales de San Carlos de Bariloche por ser de la época de Anchorena.
Uno de los circuitos nos lleva hacia el mirador Maravilla donde podemos optar por subir andando o en una cómoda y moderna aerosilla que en sólo 10 minutos nos asciende hasta los 900m de altura. El sistema moderno es muy silencioso y nos permite escuchar el canto de las aves. Ya arriba, balcones con vista panorámica hacia la bahía y puerto Anchorena –si se dispone de binoculares– permiten ver en detalle el hotel Llao Llao y el cerro Catedral.
Apenas 35 minutos más de navegación nos acercan al extremo sur de la península Quetrihue, donde podremos visitar las 12 hectáreas de mayor concentración de arrayanes.
El arrayán prefiere la cercanía a costas de lagos o ríos, aunque normalmente es sólo un arbusto de 6 a 8 metros. La curiosidad de este área y del extremo norte de la isla Victoria es que los ejemplares alcanzan alturas de 15 a 25 metros y grosores de medio metro, no existiendo una explicación científica para estas diferencias. Su color naranja acanelado se debe a la concentración de tanino en su madera. Mantiene el follaje verde todo el año y a mediados del verano florece con flores semejantes al azahar pero sin aroma. También produce un fruto comestible de sabor fuerte y jugoso.
El arrayán pertenece a la familia de las mirtaceas de allí su parecido con el eucaliptos. Al ir creciendo, su corteza se agrieta y cae en placas. A diferencia de otros árboles, no posee corteza gruesa protectora, por ello al tocar su superficie la notaremos fría, ya que los vasos conductores de sabia o agua, están próximos a la superficie. Desde 1980 se lo declaró Parque Nacional y para proteger no sólo al arrayán sino a otras 19 especies de árboles que conviven en el parque, se ha realizado la caminata de 600 metros por el sector, sobre un entablonado de madera que impide pisar raíces o compactar el suelo.
De la totalidad de arrayanes, el 3% tiene entre 500 y 650 años y el 66% entre 180 y 250 años. Ya cerca del final del recorrido encontramos una típica cabaña confeccionada totalmente en madera, paredes de ciprés al igual que los tirantes interiores, techo cubierto de tejuelas de alerce y pisos de rodajas de coihue.
Fue construida en la década del 30 por Antonio Lynch antiguo hacendado propietario de la península. En ella, invitaba a amigos a tomar el té y posteriormente a turistas que visitaban el bosque.
Aunque Walt Disney nunca visitó la región y sólo lo hizo a Buenos Aires cuando su film de dibujos animados Bambi ya se había estrenado, aun hoy la cabaña es conocida como la casita de Walt Disney.
En todas las lagunas interiores está prohibida la pesca y navegación, no así en las costas y bahías. Se pueden pescar truchas marrón y percas en Bahía Anchorena, y rodeando la isla con modalidad trolling o pesca de arrastre. Se permite el pernocte en las embarcaciones amarrándolas a los diversos puertos de la isla. En la actualidad no se puede acampar en la isla ni existe lugar de alojamiento pero como se puede permanecer varias horas en el lugar, se puede aprovechar para la pesca.
El buceo se realiza en la zona del puerto Aserradero Viejo, cercano a Bahía Anchorena. Esta inmersión cumple con las expectativas de cualquier buceador, que siempre sueña con encontrar un barco naufragado, hurgar en su pasado, revivir su historia, imaginando las fantasías de sus tripulantes o de algún capitán de leyenda. El San Michel no tiene una historia de navegación, nació como el sueño de un escultor y debido a sus fallos constructivos, navegó muy poco, durmiendo su sueño de inactividad en esta bahía durante muchos años. Finalmente su destino fue el lecho tranquilo de la bahía. Este buceo es para experimentados ya que se ingresa en su estructura, pasando por el salón de proa, admirando el escabén tallado y sus aparejos. La visibilidad es óptima en toda el área lo que hace una
experiencia inolvidable. A pesar de tratarse de un lago de aguas provenientes de deshielo, en verano la temperatura de la misma puede alcanzar hasta 17 grados centígrados, por lo que se puede bucear aún con trajes húmedos. Este lugar es ideal para realizar fotografías y videos subacuáticos y observar microfauna o peces del área. |
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