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Pto. Blest y Cascada de los Cántaros 

Un extraordinario recorrido por la selva valdiviana
 
 
Brazo Blest
Partimos desde Puerto Pañuelo, pequeño islote unido a la costa por un istmo que cumple la función de playa de estacionamiento. Cuando solo existía puerto San Carlos, ubicado frente al actual Centro Cívico las embarcaciones partían del Centro y navegaban hacia Llao Llao, y si los pasajeros alojados en el hotel deseaban ser embarcados para realizar paseos en los barcos (como el Modesta Victoria), con un pañuelo hacían señales desde la costa y el barco se aproximaba a la bahía. Aún hoy la nave capitana del Nahuel Huapi, la motonave Modesta Victoria, recorre las aguas del lago recordando con su bella silueta su origen holandés y su llegada al lago en los años 30.
Abordando un moderno catamarán, con capacidad para 300 personas, navegaremos rumbo al oeste por el brazo más extendido de los 7 que posee el lago Nahuel Huapi. Por su parte media pasa la línea imaginaria usada como límite interprovincial entre Neuquén y Río Negro. El brazo esta flanqueado por cerros muy escarpados y su costa es muy acantilada llegando la vegetación hasta la orilla del lago. El comienzo del brazo lo enmarcan 2 cerros, el Millaqueo al norte con sus 1800 metros y el Capilla al sur de 1967 metros. Al navegar se visualiza la pequeña isla Centinela, donde descansan los restos del creador del Parque Nacional, Francisco Moreno, su señora esposa y su hijo menor. Diariamente las embarcaciones, hacen sonar sus sirenas en señal de homenaje a este héroe cívico tan poco reconocido en la historia nacional.

La fisonomía y morfología del brazo, denota su origen glaciario, cuando hace alrededor de 60 mil años, desde los cerros cordilleranos, descendían ríos de hielo, llamados glaciares, cuyas alturas se estiman entre los 1000 y 1500 metros. A su paso excavaron y profundizaron por erosión, antiguos valles dándoles una forma de U. Con solo observar sus costas, pulidas y modeladas o el suave relieve de las islas se comprende el origen del paisaje actual
Se intercalan cordones montañosos como el Berutti o el Nevado, hacia el sector neuquino del brazo, y sus laderas nevadas dan origen a la cascada Blanca. Desde lejos parece congelada, pero al acercarnos podemos observar que el caudaloso arroyo fue siglo tras siglo esculpiendo y modelando suaves formas por donde la cascada se desliza impetuosa hacia el lago. Una fina llovizna lo envuelve todo. Muy cerca se encuentra la máxima profundidad del lago: 464 metros.
A este brazo se lo denominaba larga ensenada, pero al arribo de científicos en 1856 provenientes de Chille, cuya expedición fomentara Juan Blest, intendente de Llanquihue, se lo designo Blest en su homenaje. Esta fue la ruta histórica por la que en 1620 navegó el descubridor del lago Nahuel Huapi, el capitán Juan Fernández, quien junto a 40 hombres llega desde Chile en busca de la ciudad de los Cesares y de indígenas pacíficos a quienes esclaviza. Bordeamos los islotes Dos Hermanas, promontorios rocosos cubiertos de bosque.

Cascada de los Cántaros
En mountain bike o caminata, el sendero parte frente al snack bar y rodea la gran bahía y playa. El bosque virgen de coihues, arrayanes y otras especies que se dan exclusivamente en este sector del parque, como el fuinque, maniu hembra, cipres de los guaitecas, hua huan, tineo, alerces, maniu macho.
Por momentos el sendero se angosta y las cañas forman un tonel, donde los pájaros ocultos nos acompañan con su canto.
Luego de cruzar un puente continuamos hasta otro puente pero este es colgante.
Al cabo de 1 hora de caminata nos encontramos con el entablonado por el cual se asciende hacia lago Los Cántaros y los miradores de la Cascada.
Todo el recorrido de ida y vuelta ocupa alrededor de 4 horas.
Emocionados y felices, guiados por el murmullo de aguas infructuosas que buscan el lago, o por el perfume del hua huan, tan similar al del laurel, nos internamos por el camino entablonado que nos conducirá al Lago Los Cántaros ubicado a 852 metros sobre el nivel del mar o sea casi 100 metros sobre el Nahuel Huapi. Por ello el Río Cántaros va formando en su curso hermosos saltos y cascadas que se precipitan en angostos cajones o pulidos bloques de granito. Varios miradores nos permiten admirar el cambiante curso del río y estremecernos con el ensordecedor sonido de aguas al caer.
En casi 30 metros de marcha ascendente, llegaremos al Lago Los Cántaros, enmarcado por el cerro del mismo nombre, muy erosionados por los hielos y de una coloración gris oscura. Este pequeño lago suele congelarse en inviernos muy fríos o convertirse en un espejo gigante cuando sus aguas se aquietan y reflejan el entorno de rocas muy abruptas. Al final del camino nos espera un premio al esfuerzo realizado. Un alerce que pacientemente aguardó nuestra llegada cerca de 1500 años. Este árbol es una de las especies más longevas del planeta, existiendo ejemplares de más de 3000 años. Debido al uso de su madera, fue muy explotado en la región hasta que se declaró Parque Nacional y hoy cuenta con protección total.
La característica de su madera es que posee una veta vertical la que mediante una técnica especial de cortado, se obtienen tablas rectas y delgadas, ideales para confección de tejuelas. Su color es rosado y la característica dominante es su larga duración. Se adapta a las variaciones climáticas y aún en las regiones muy húmedas se empleó para confeccionar casas, techumbres y templos religiosos. Fue exportado a Europa y muy explotado en el pasado. Se lo declaró recurso no renovable ya que su crecimiento es muy lento: sólo unos pocos milímetros por año, por eso la importancia de su protección en varios Parques Nacionales Argentinos.

Lago Frías
El camino de 3 Km. de extensión que bordea el río Frías, nos permite admirar la vegetación de esta selva que difiere de las tropicales por las temperaturas invernales, cuando los 3000 o 4000 milímetros de lluvia anual, se alternan con nevadas prolongadas que adornan el follaje de blancos copos. La caña colihue, maciza y flexible, adaptada para soportar el peso de las nieve, enmarca el camino y es el refugio para muchas aves como el chucao, churrin, rayadito o el picaflor colorido.
Aún podemos sorprendernos con un coihue que como soldado cuida la entrada de un sendero hacia el Río Frías. Se lo llama El Abuelo ya que por estudios botánicos se sabe que nació en 1410. Debido a las fuertes nevadas del invierno de 1995, su copa frondosa se quebró debido a la acumulación de nieve en la misma.
Nos espera la embarcación que con sólo 30 minutos de viaje nos permitirá navegar el Lago Frías cuya coloración verde lechosa nos asombra. Cerros de 1800 mts. de altura aproximadamente rodean abruptamente esta esmeralda engarzada en el bosque centenario. En otoño la coloración de algunos sectores del bosque se torna ocre, rojiza, realzando aún más el verde de las aguas.
Gozamos del silencio, del colorido y tras un recodo del lago aparece la incomparable figura del Cerro Tronador, el más alto de Parque Nacional. Coronado por tres picos, el Internacional por donde pasa el límite con chile de 3478 mts., el Chileno hacia la derecha y el Argentino hacia la izquierda. Cubierto siempre de glaciares con una altura de hielos aproximadamente de 70 a 100 metros, uno de los cuatro glaciares que se deslizan por sus laderas hacia territorio argentino, el Frías, es el único con rumbo norte siendo el que por medio del Río Frías, y el lago, vuelca sus aguas hacia el Atlántico llevadas por el Río Limay y el Negro. Antiguos viajeros bautizaron el lago y río como Blanco, por su coloración y Frío por las bajas temperaturas de sus aguas. Es muy habitual que las aguas estén serenas y no haya brisas sobre la superficie del lago, por lo cual el barco parece deslizarse sin siquiera turbar la superficie.

La voz del guía nos trae a la realidad: llegamos a Puerto Frías, ubicado en una bahía florida en primavera, escondiendo frambuesas dulces en rincones del bosque cercano. Las dependencias de la Aduana Argentina y una seccional de Gendarmería Nacional permiten realizar los trámites pertinentes para seguir rumbo a Chile por el paso Vicente Pérez Rosales. Este cruce nos lleva hacia las ciudades de Puerto Varas, Puerto Montt y se denomina Cruce de los Lagos Andinos.
Solo 4 Km. de ómnibus y a 1030 metros de altura cruzaremos el paso Vicente Pérez Rosales quien fuera el encargado del plan de colonización de la zona por colonos alemanes que arribaron a Chile a partir de 1852. Al ingresar a Chile, nos encontramos también en el primer Parque Nacional chileno, establecido en 1926 llamado Vicente Pérez Rosales, el que posee 251.000 ha. La historia de este paso esta relacionada con el movimiento comercial que se estableció entre Argentina y Chile a principios de siglo. Las materias primas viajaban hacia Chile y de allá volvían otras manufacturadas. Como paso turístico fue utilizado por primera vez en 1903 cuando lo recorren visitantes franceses. Hoy modernos ómnibus realizan el trayecto de 2 horas descendiendo en medio de exuberante vegetación hasta Peulla, pero en el siglo XVII y XVIII el llamado paso de Las Lagunas era el elegido por sacrificados padres jesuitas que a pie o en balsas cruzaban hacia el Nahuel Huapi rumbo a las Misiones que establecieron para evangelizar al aborigen.

Pesca
El área permite la pesca en las tres modalidades, mosca o fly casting, spinning o trolling desde una embarcación. Con equipos propios o alquilados en el hotel Puerto Blest, se practica en toda la bahía la pesca con mosca seca o húmeda, y el spinning se aconseja especialmente en la desembocadura de los arroyos Los Clavos, Río Frías o Arroyo Los Cántaros. Con embarcaciones propias, las que se pueden amarrar en el puerto, se realiza la modalidad trolling o de arrastre, con señuelos que al vibrar en el agua imitan a una presa viva y esto se consigue con una velocidad constante y equipo liviano.

 

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