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El 7 de marzo de 2001, mi tío me llama y me dice que lamentablemente deberé adelantar mi proyectado viaje a Pergamino.
Así que cancelo mi visita de seguimiento de embarazo con el médico y realizo unos trámites fuera de la oficina. Al regresar, un delincuente me tira una sustancia con un olor pestilente (¿se acuerdan de esa modalidad?) Claro está que con los acontecimientos que se apresuraban y la vida que llevaba en mi vientre ni me percaté de lo ocurrido hasta luego de regresar a mi despacho. Mi única desesperación era que no se tratara de ninguna sustancia tóxica que lastimara a mi bebe.
Ya en el trayecto de la terminal de ómnibus hasta la clínica, mi tío me confirma la sospecha que el estado de irreversibilidad del cuadro clínico de Papá había llegado a su fin. Así que de allí en más no nos separamos de él. Lo demás ya lo he escrito hace dos años y un par de días.
Hay un dolor inexplicable porque no encuentra lugar físico donde molestar. Ese dolor es no poder mostrar la nieta a los abuelos. Ese dolor es no poder verles más. Ese dolor es no poder conversar con ellos. Ese dolor no se cura con remedios y a medida que pasa el tiempo no cede ni cesa.
La visión del glaciar es instantánea y el lenguaje sucesivo. Así que no importa el talento con las letras: nunca se podrá reproducir en palabras ni la magnificencia de la naturaleza ni la visión de la derrota que produce la enfermedad.
Así como en un fusilamiento al amanecer el único que no tiene sueño es el condenado inevitable, en estas situaciones el único que no duerme es el desesperado hijo que ve como poco a poco se convierte en huérfano.
Papá, tu nieta no para de bailar las canciones que vos cantabas ni dejar un día sin tomar tu foto (la misma que le diste a Mamá para que llevara en su cartera de soltera)
y darle un beso. Jamás le indiqué que hiciera esto ni le enseñé baile alguno. Además, adora viajar y conocer, la velocidad ligeramente prudente, la comida que nos hacía Mamá, los aviones y principalmente los autos. Te lo quiero decir para que no sólo te enteres que tiene tus gustos sino que también se lo cuentes a Mamá, como ya le habrás contado de las caricias que le hacías “al nieto” en mi panza.
Son tus aciertos y tus errores los que hacen que aun me encuentre en la empresa que creaste y ayudaste a crecer.
¿Sabés qué? A medida que pasan los días, la empresa y yo te extrañamos y te necesitamos cada vez más. Espero dentro de poco volver a hablarte sin esperar respuesta y dejarte de regalo el revoloteo de tu nieta y las tres rojas rosas en el florero que gracias a tu hermano pudimos conseguir.
Existimos en virtud del recuerdo que los demás tienen de nosotros. En lo que a mí respecta, seguiré bregando para que no se te olvide. Creo que ya hay varios que suponen que nunca te has ido: si con sólo ver la luna, ya sabemos dónde estás! |
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| Mi recuerdo... Y mi Homenaje |
En el año 2002 escribí esta nota a modo de homenaje al cumplirse un año del fallecimiento de Papá. Es mi produndo deseo que aquellas personas que aún no la hayan leido, lo puedan hacer en el siguiente sitio:
http://www.e-caluch.com/
Muchas Gracias. |
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